La avellana que nace de la tierra que amamos

¿Quiénes somos?

Más de cien años cultivando nuestro territorio

Somos una empresa familiar de Vilallonga del Camp (Tarragona) dedicada al cultivo de la avellana desde principios del siglo XX. Desde hace más de cuatro generaciones, nuestra familia trabaja la tierra con pasión, esfuerzo y respeto por un legado agrícola que ha pasado de padres a hijos a lo largo de los años.

Nuestras fincas, situadas en el corazón del Camp de Tarragona, son el reflejo de una forma de entender la agricultura basada en la calidad, la sostenibilidad y el compromiso con el territorio.

«Desde la tierra de Vilallonga, cultivamos la excelencia.»

Innovación al servicio de la agricultura

Creciendo y diversificando el futuro

Aunque mantenemos nuestras raíces y los valores que nos han acompañado durante más de un siglo, apostamos decididamente por la innovación y la modernización de las explotaciones agrícolas. Incorporamos nuevas tecnologías, sistemas eficientes de gestión y técnicas avanzadas de producción que nos permiten mejorar la calidad de los cultivos y garantizar una agricultura más sostenible y competitiva.

Nuestra vocación de crecimiento nos impulsa a explorar nuevas oportunidades. Actualmente estamos ampliando nuestra actividad con la incorporación del cultivo del olivo, una apuesta estratégica que refuerza la diversificación de la producción y la capacidad de adaptación a los nuevos retos del sector agrario.

«Una tierra. Una familia. Una avellana con historia.»

«Vilallonga cultiva avellanas. Nosotros cultivamos futuro.»

Del campo al consumidor

Estamos desarrollando un proyecto innovador que nos permitirá ir un paso más allá: transformar nuestra propia producción en productos elaborados de alto valor añadido. Esta iniciativa nace con la voluntad de controlar todo el proceso, desde el cultivo hasta el producto final, garantizando la máxima calidad y autenticidad.

A través de la elaboración y comercialización de productos propios, queremos acercar la esencia de nuestro territorio a nuevos mercados y consumidores que valoran los productos de proximidad, la trazabilidad y la excelencia.

Nuestro compromiso

Trabajamos cada día para unir tradición e innovación, preservando el legado familiar y construyendo un proyecto de futuro sostenible, responsable y vinculado a la tierra que nos ha visto crecer.

Porque detrás de cada avellana, de cada aceituna y de cada producto que ofrecemos, hay una historia de más de cien años de dedicación, esfuerzo y amor por el campo.

Financiado por la Unión Europea - NextGenerationEU

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¿Quiénes somos?

Historia de la avellana

Apuntes históricos

El avellano (Corylus avellana) es un arbusto de la familia de las betuláceas presente en muchas áreas templadas del hemisferio norte. Sus formas silvestres viven en laderas umbrías y fondos de valles fluviales, generalmente en áreas frescas y sombreadas, asociadas con fresnos, arces y robles. Aquí, sin embargo, nos interesa su uso agrario y, especialmente, la evolución de su presencia en nuestra área geográfica.

Antes del siglo XIX

El cultivo del avellano es antiquísimo. Ya es mencionado en antiguos manuscritos chinos. Los griegos clásicos las llamaban nueces pónticas por proceder de las orillas del mar Negro.

Los primeros testimonios del cultivo en la península ibérica nos los dan algunos escritores árabes que, incluso, llegan a citar diversas variedades de avellana. Quizás estas coinciden con las actuales o son su origen. Estos mismos autores nos indican que se recogían plantones de avellanos silvestres en la montaña para trasplantarlos en huertos o “jardines” de la tierra baja. En sus textos se da a entender que el origen de los plantones es autóctono. Así se desmonta la teoría del origen asiático de nuestras avellanas.

En el Camp tenemos referencias escritas del cultivo del avellano desde el siglo XIII. Está documentado en 1287 en Alforja, en 1296 en la Selva del Camp, en 1331 en Vilanova d’Escornalbou y Duesaigües. Durante el siglo XV el arzobispado de Tarragona obtenía cuantiosos beneficios del diezmo (*1) sobre las avellanas recogidas en la Selva. Parece que estos campos de avellanos se situaban casi siempre en laderas montañosas, espacios poco apropiados para el cultivo del cereal, mayoritario entonces.

Sabemos también que en Valls a partir de 1460 se impulsó la plantación de avellanos para sustituir el cultivo del cáñamo, en aquel tiempo muy común en la zona.

Parece que en los siguientes siglos la situación no cambió demasiado. La avellana siguió siendo un producto agrícola secundario frente a otras producciones más típicamente mediterráneas: primero los cereales y, a partir de los siglos XVII y XVIII, la vid. También su papel era inferior al del olivo y el algarrobo. Se ha calculado que durante el siglo XVIII en toda nuestra área geográfica se podía llegar a recoger un máximo de unos 80.000 sacos de avellana de cuartera (*2) y media.

En el censo de población y producción económica realizado en 1802 se pone de manifiesto que en el municipio de Reus no se producía ni avellana ni almendra, al menos en cantidad apreciable. Esto parece demostrar que a principios del siglo XIX el avellano seguía confinado en las áreas de montaña.

El siglo XIX

La situación que acabamos de describir no comienza a cambiar hasta bien entrada esta centuria. El avellano tuvo que esperar a que la vid sufriera varios golpes para poder empezar a imponerse. El primer paso hacia la sustitución se expone en el año 1862: en una reunión convocada en Reus por el Instituto Agrícola Catalán de San Isidro (*3), algunos expertos proponen el cultivo del avellano como alternativa a la vid, entonces muy dañada por la plaga del oídio (*4). No parece que esta iniciativa tuviera mucho éxito, a pesar de los numerosos problemas que también daba el mildiu en las cepas. En los decenios sucesivos, Cataluña, y especialmente el Camp, vivió la mejor época para el comercio del vino. La destrucción de las viñas francesas a causa de la filoxera supuso un aumento espectacular de las exportaciones y los precios de venta.

Finalmente, sin embargo, la filoxera llegó a la comarca (1895) y la devastación fue total. En estas condiciones se retoma la antigua idea de extender el cultivo del avellano. Este, poco a poco, irá saliendo de las pequeñas zonas montañosas y conquistando la llanura del Camp.

El siglo XX

Sin duda, es el siglo de la avellana en nuestras comarcas. De ser un cultivo menor o residual pasa a convertirse en mayoritario en el Baix Camp y en muy importante en el Alt Camp, Tarragonès y Priorat. Un ejemplo bien documentado: en 1900 el avellano representaba el 0,5 % de los cultivos en el término de Reus y en 1962 el 26 %. En otros municipios este porcentaje es aún mayor. Hacia las décadas de 1960 y 1970 se alcanza casi el límite del monocultivo. El caso de Vilaplana sería un buen ejemplo.

Este enorme crecimiento del avellano se produjo, sobre todo, a costa del retroceso progresivo de la vid, pero también del olivo, el algarrobo y los cereales. Esta expansión no compensó totalmente la pérdida de superficie agrícola provocada por la crisis de la filoxera. De manera que muchos terrenos, especialmente de montaña, antes ocupados por las cepas, quedaron yermos y hoy son bosque.

El éxito de la avellana en la comarca convirtió a Reus en el principal centro exportador de frutos secos del Estado español, con numerosas empresas almacenistas y transformadoras. Paralelamente se extendió el cooperativismo, que durante la segunda mitad del siglo se convirtió en un elemento decisivo y dinamizador de la actividad agraria.

La economía ligada a la avellana ha sufrido las vicisitudes de un siglo convulso, con momentos de notable euforia (las décadas de 1910 y 1960 por ejemplo) y otros de grandes dificultades (los inicios de los 30, la Guerra Civil, las intervenciones sobre precios y exportaciones de la posguerra). La entrada en la CEE (*5) (hoy UE) en 1986, lejos de suponer una ventaja para los agricultores, marcó el inicio de una nueva crisis, que ahora parece definitiva. Los acuerdos preferenciales con Turquía y la saturación de los mercados internacionales en la era de la globalización provocaron una caída continuada de los precios de venta que hacía inviable la continuidad de las explotaciones. Se optó por dos vías: el abandono y la reivindicación. Efectivamente, el abandono de la actividad agraria ha sido significativo desde los años 80, pero también surgió en el territorio un gran espíritu de lucha y resistencia. La llamada “guerra de la avellana”, encabezada principalmente por el sindicato Unió de Pagesos, ha permitido conseguir mejoras significativas que han prolongado la vida de las explotaciones, pero no han asegurado el futuro del sector.

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Historia de la avellana

El olivo

Tradición mediterránea e innovación tecnológica

La incorporación del cultivo del olivo representa una nueva etapa en la evolución de nuestra explotación agrícola. Este proyecto nace con la voluntad de diversificar la producción, aumentar el valor añadido de las fincas y consolidar un modelo agrícola sostenible, eficiente y orientado al mercado.

El cultivo se desarrolla aplicando técnicas agronómicas modernas y tecnologías de precisión que permiten optimizar el uso del agua, los nutrientes y los recursos disponibles. La monitorización de los cultivos, el control eficiente del riego y la gestión digital de las explotaciones contribuyen a obtener aceitunas de máxima calidad, garantizando al mismo tiempo la sostenibilidad ambiental y la viabilidad económica del proyecto.

Más allá de la producción agrícola, el objetivo estratégico es completar toda la cadena de valor mediante la elaboración de aceite de oliva virgen extra propio. La transformación de la cosecha en un producto final permite asegurar un control exhaustivo de la calidad desde el campo hasta el consumidor, preservando todas las propiedades organolépticas y nutricionales del aceite.

El proyecto contempla también el embotellado y la comercialización bajo una marca propia, con formatos adaptados tanto al consumidor final como a establecimientos especializados, tiendas gourmet y canales de venta directa. Esta apuesta por la comercialización al por menor permite acercar un producto auténtico, de proximidad y con plena trazabilidad, elaborado íntegramente a partir de las aceitunas producidas en nuestras fincas.

La combinación entre tradición agrícola, innovación tecnológica y elaboración propia nos permite ofrecer un aceite de oliva virgen extra de alta calidad, capaz de responder a las demandas de un consumidor cada vez más interesado en el origen de los alimentos, la sostenibilidad y la excelencia del producto.

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El olivo

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